Otros temas — 21 Noviembre 2012
ANÁLISIS FORENSE DEL CADÁVER DEL GENERAL PRIM: El general Prim murió estrangulado.

 ED/Criminologia.

El general Prim murió estrangulado.

Polémica forense en torno a la investigación de las marcas en el cuello  halladas en el cadáver momificado.

«El cuerpo momificado del general Prim presentaba marcas en el cuello  compatibles con el estrangulamiento a lazo». El pasado 29 de septiembre, María  del Mar Robledo, doctora en Medicina Legal y Forense, realizó la primera  autopsia al cadáver de Juan Prim (Reus, 1814-Madrid, 1870), el histórico líder  que presidió el Consejo de Ministros hasta que un atentado acabó con su vida  cuando se dirigía en carruaje hacia su residencia, en la madrileña plaza de  Cibeles.
Robledo, directora del laboratorio de Antropología Forense e Investigación  Criminal de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), está inmersa en la  elaboración de un nuevo informe sobre la muerte de Prim que, según la versión  oficial, fue causada por las heridas que sufrió al ser tiroteado. El buen estado  de conservación del cuerpo embalsamado ha permitido reabrir el caso sobre este  crimen que, 142 años después, sigue sin resolverse. Un equipo compuesto por  médicos, antropólogos, historiadores, biólogos y criminólogos se ha empeñado en  cerrarlo

  • 20/11/2012 EM2 CIENCIA

LA  MUERTE DE PRIM .

Forman parte de la Comisión Prim, creada en la Universidad Camilo José Cela  de Madrid para investigar lo que realmente ocurrió aquel 27 de diciembre de  1870. Y lo están haciendo utilizando las avanzadas técnicas forenses del siglo  XXI y mediante la colaboración de expertos de la Universidad de Granada, de  Valencia, Rovira i Virgili y UCM.

La investigación también ha abierto la polémica en la comunidad científica.  El médico José Cabrera, al que este diario pidió su valoración sobre el trabajo  de la Comisión Prim, afirma que no es partidario de este tipo de investigaciones  históricas. Aunque admite que «no se puede descartar un estrangulamiento», considera más probable que la marca en el cuello fuera causada por la ropa que  llevaba o durante el embalsamiento.

El pasado mes de junio, la doctora María del Mar Robledo viajó a Reus, donde  había sido enterrado Prim, para asistir a la apertura del féretro. Ella fue la  que hizo la evaluación inicial del estado del cadáver, que pudo examinar en  profundidad en septiembre durante la autopsia, la primera que se le practicó al  cuerpo. «Aunque hay un informe sobre una autopsia realizada tras su muerte,  vimos que no se le había practicado ninguna. Una autopsia implica una abertura  de cavidades y no había ninguna», explica a EL MUNDO en conversación telefónica.  Tampoco coincidían las heridas descritas en el informe de la supuesta autopsia  con lo que encontraron en la mesa de disección.

Fue al realizar el estudio macroscópico del cuerpo, es decir, el examen  externo, cuando detectaron una marca en el cuello, de cuya existencia informó  Libertad Digital. «Los tejidos estaban blandos cuando se produjo la marca. Es un  surco muy profundo. Su tamaño es inferior al del objeto que la causó, porque en  la momificación se produce una retracción, es decir, la piel encoge», explica.

No obstante, la doctora, que aún no ha terminado la investigación, se muestra  cauta y advierte que todavía no se puede afirmar que el estrangulamiento fue la  causa de su muerte: «Yo no puedo asegurar que el general Prim fue estrangulado.  Antes tenemos que descartar todas las posibilidades». De momento, continúa, sí  han descartado que esta marca haya sido causada por la ropa que llevaba, pues en  ocasiones las prendas dejan señales en la piel de los cadáveres. Para ello, se  desplazó a Barcelona junto a Ioannis Koutsourais, especialista en Antropología  Forense e Investigación Criminal y autor de las fotografías del cadáver de Prim.  Allí examinaron las prendas: «Llevaba una camisa que se abotonaba en la parte  delantera y concluimos que el cuello no pudo haber dejado la marca. También  llevaba una especie de corbatín anudado, que no estaba apretado, y una casaca,  que en nuestra opinión, no pudieron dejarle señal». Ahora les falta descartar la  posibilidad de que esta marca fuera producida durante el proceso de  embalsamiento: «Me parece una posibilidad muy remota pero voy a estudiarla para  descartar cualquier posibilidad», asegura.

La versión oficial que se dio tras su muerte es que Prim falleció como  consecuencia de las heridas de bala que sufrió al ser tiroteado el 27 de  diciembre de 1870. El relato oficial también aseguraba que su muerte se produjo  el 30 de diciembre, una versión que la autopsia realizada cuestiona, pues las  heridas eran muy graves y en aquella época no se realizaban transfusiones.  Además, aunque el TAC ha revelado lo que podrían ser unos emplastos para  controlar el sangrado, en algunas heridas no hay ningún indicio de que hubieran  sido tratadas. «Con esas lesiones es poco probable que estuviera consciente,  aunque la naturaleza humana a veces nos sorprende», afirma la doctora. Según  Robledo, la gran cantidad de sangre que perdió ha favorecido la buena  conservación del cuerpo, que fue embalsamado cumpliendo la legislación que  obligaba a hacerlo con los cadáveres que iban a ser inhumados. Al buen hacer del  embalsamador, el doctor Simón, y al abundante sangrado se han unido las  condiciones ambientales, propicias para la momificación.

¿Por qué estrangular a un hombre gravemente herido y agonizante? Las balas no  afectaron a sus órganos vitales, lo que podría haber llevado a sus asesinos a  rematarlo. Pero para confirmar o descartar esta hipótesis habrá que esperar al  informe final.

«La muerte de Prim sigue siendo un gran misterio en la Historia de España. La  gente nunca ha llegado a saber la verdad», asegura Francisco Pérez Abellán,  escritor, periodista y presidente de la Comisión Prim. Pérez Abellán dirige  también el departamento de Criminología de la Universidad Camilo José Cela: «Hemos hecho de la investigación un acto docente», afirma orgulloso por  teléfono. «Nos han mentido y nos han enseñado la historia con páginas  arrancadas», afirma. Miles de ellas, según pudo confirmar el pasado mes de  enero, cuando los 17 miembros de la comisión y 30 alumnos comenzaron a examinar  el sumario, un auténtico puzle «hecho a propósito para que nadie pueda  investigarlo». También fueron a Toledo, donde examinaron el carruaje y la ropa  que vestía cuando fue asesinado. «Hemos hecho de detectives y estamos  resolviendo un crimen de hace 142 años», concluye.

  • JOSÉ LUIS DE LA SERNA 20/11/2012 EM2 CIENCIA

Presión letal

De acuerdo con las crónicas, Prim llegó vivo a su residencia después del  atentado. Pero seguramente llegó agonizante. Una herida en el hombro, por  extensa que sea, no es mortal en un primer momento. Aunque si el plomo se lleva  por delante la arteria axilar o la subclavia la hemorragia secundaria a esas  lesiones acaba siendo letal en poco tiempo. Probablemente Prim entró en lo que  en medicina se conoce como shock hemorrágico minutos después de los disparos.  Seguro que aún respiraba cuando lo depositaron en el sillón o en la cama. Seguro  también que su nivel de conciencia era pobre porque la tensión arterial estaría  baja y la sangre que aún circulara por su cuerpo apenas perfundía las neuronas.  Pero como posiblemente todavía boqueaba, sus asesinos quisieron asegurar su  cometido. Comprimiendo el cuello y las carótidas se logra un doble efecto. No  llega sangre a los pulmones, ni al cerebro. El corazón se para.
  • JOSÉ CALVO POYATO 20/11/2012 EM2 CIENCIA

¿Y si no le hubieran matado?

NO colabores con los secesionistas de Cataluña llenándoles los bolsillos con tu dinero e impuestos. NO compres sus productos ni contrates sus serviciosEl general Prim fue una figura clave para entender importantes  acontecimientos de nuestro siglo XIX. Prim no fue un espadón al uso. Tenía un  ambicioso proyecto político y buscó llevarlo a la práctica: una España  monárquica, cambiando la dinastía que ocuparía el trono. En el intento perdió la  vida. La historia nos ha contado acerca de su muerte que, tras sufrir un  atentado en la madrileña calle del Turco el 27 de diciembre de 1870, falleció  tres días después por causa de las heridas.

Recientemente los forenses que restauran su momia, con vistas a 2014  (bicentenario de su nacimiento), han señalado que una de esas heridas debió de  producirle una fuerte hemorragia que, necesariamente, le provocaría la muerte en  pocas horas. Ahora, al parecer, se han descubierto unas marcas en el cuello que  sugieren un posible estrangulamiento y, en consecuencia, una especie de segundo  atentado que acabó con su vida. Todo apunta a un culebrón digno de una novela de  intriga que nos ha tentado a especular -actitud poco científica en el terreno de  la Historia- acerca de cómo habría discurrido nuestra historia si Prim no  hubiera muerto tras el atentado en la calle del Turco.

¿Qué habría ocurrido en ese supuesto? ¿Cuál hubiera sido el rumbo de la  España de entonces? ¿Se habría consolidado la nueva dinastía como quería Prim?  ¿Habría sido posible una situación diferente a la que se vivió?

La perspectiva de movernos en una ucronía -especular con qué habría ocurrido  si los acontecimientos hubieran seguido un curso diferente- resulta tentadora.

Partamos de algunas premisas con fundamento. En relación con Prim, podemos  afirmar que era monárquico, algo que lo llevaba a rechazar los principios  republicanos. Siendo monárquico, era antidinástico -fue una pieza clave en el  destronamiento de Isabel II-, o lo que es lo mismo, antiborbónico. Señalemos  también que su prestigio entre los militares era muy elevado; veían en él al  héroe de la guerra de África, al vencedor de los moros en la batalla de los  Castillejos. Por otro lado, apuntemos que Amadeo de Saboya, el monarca que  pretendía entronizar, recibió la noticia de su muerte al llegar a Cartagena.  También que Amadeo I, mientras ejerció sus funciones de monarca, cumplió  escrupulosamente con el mandato constitucional. Por último, indiquemos que su  reinado sólo duró dos años, ya que sin el apoyo de Prim, su patrocinador, se vio  desvalido y acabó abdicando de sus derechos al trono.

Con un Prim vivo y al frente de la Presidencia del Gobierno, es más que  probable que en España se hubiera asentado la monarquía de Amadeo, duque de  Aosta y con él la casa de Saboya. Así mismo, visto el proceder del nuevo rey,  esa consolidación habría supuesto robustecer algunos de los planteamientos  básicos establecidos en la Constitución de 1869. A título de ejemplo, creemos  que se habría implantado una monarquía ligada a principios como el de que la  soberanía nacional, la voluntad de la nación, reside en las Cortes y, en  consecuencia el poder ejecutivo ha de rendirle cuentas y se le pueden exigir  responsabilidades. Los procesos electorales se habrían regido mucho antes por el  sufragio universal -entendiéndose en la época sólo el masculino-, o derechos  individuales, como libertad de expresión, llamada entonces de imprenta, o la  libertad de cultos, no habrían tenido las cortapisas con que se encontraron en  las décadas siguientes. En definitiva, se habría configurado una España muy  diferente a la que se fraguó en el último tercio del siglo XIX.

En otro orden de cosas, la consolidación de la casa de Saboya habría impedido  la proclamación de la I República, tras la abdicación de Amadeo. Ciertamente la  vida de la república fue efímera -apenas un año- pero su proclamación supuso uno  de los momentos más agitados de nuestro pasado y episodios como el del  cantonalismo. La mencionada consolidación habría dificultado que se llevara a  cabo la restauración borbónica a comienzos de 1875. También es posible, sólo  posible, que una monarquía sustentada en los planteamientos de la Constitución  de 1869 tal vez hubiera resistido los envites políticos vividos por la España  del último tercio del siglo XIX y, probablemente, habría evitado alguna de las  tragedias que marcaron nuestro siglo XX.

No creemos que una dinastía de Saboya consolidada en el trono de España  hubiera evitado la tercera intentona de los carlistas ni las veleidades de los  republicanos, que habrían, lógicamente, impulsado acciones para que sus ideas se  materializaran.

Para concluir, hemos de añadir que estas especulaciones son meras conjeturas.  El libre albedrío y la libertad de elección que son inherentes al género humano,  así como las posibles acciones que se derivan de sus actuaciones, lo convierten  en imprevisible y, desde luego, imprevisibles a lo largo de la Historia hemos  sido los españoles. Ello ha hecho que, en más de una ocasión, tomemos una  dirección inesperada y, como diría un castizo: ¡Vaya usted a saber si con Amadeo  consolidado en el poder, con el apoyo del general Prim, no habríamos salido por  los cerros de Úbeda!

ED. Digital Magazine.

José Calvo Poyato es historiador y autor de la novela Sangre en la calle del  Turco (Plaza y Janés), que recrea el asesinato del general Prim.
Documento aparecido ayer en la edicion de papel del Diario El Mundo, y que recoje de manera digital, e-pesimo Auxiliar 1.

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(2) Readers Comments

  1. Me ha parecido muy interesante

    • Me alegro que te haya gustado.

      Gracias por tu comentario.

      Feliz año nuevo.

      Jenu

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